
Julieta Venegas: "A les dones ens han educat per refusar la soledat"
TRANSCRIPCIÓ
Transcripció automàtica generada amb intel·ligència artificial. Pot contenir incorreccions.
Ella canta ranxeres i nosaltres la celebrem.
La Cantanjulita Venegas és segurament una de les mexicanes més internacionals, però en realitat va néixer al que es coneix com la Baixa Califòrnia. Es va criar a Tijuana, a la frontera amb els Estats Units, una ciutat que ha marcat tota la seva biografia. Julieta Venegas s'ha estrenat en el món de la literatura amb una biografia dels seus inicis. El llibre es diu Nortenya i l'ha publicat l'editorial catalana Les Afueres. Fa uns dies va venir a Barcelona i vam tenir l'oportunitat de parlar amb ella.
A Catalunya Radio, les dones i els dies, amb Montse Virgili.
Si sentiu que avui el so del programa és una mica diferent, té una raó de ser. Aquesta entrevista es va enregistrar a la Sala Paral·lel 62 de Barcelona.
El tiempo va pasando y yo no dejo de extrañarte Hace tiempo que nos fuimos cada quien a alguna parte.
Vas directo al corazón y nos cuentas cosas, nos cuentas tu relación con tu madre, tan bonita, llena de canciones, pero una relación también un poco difícil con el padre, sobre todo en la adolescencia, porque era un señor clásico, por decirlo de alguna manera, conservador, de mis niñas que no se mezclen con hombres. Y hay momentos bastante divertidos en el libro, En momentos, yo qué sé, pues que os engancha, por ejemplo, a tu hermana y tú con unos novios en un coche, ¿no? Y ahí se arma un poco, no sé cómo lo decís ahí, pero aquí la Mari Morena.
Sí, sí, un poquito, fue un poco la Mari Morena. O sea, no sé cómo se diría en tijuana, cómo lo traduciría, pero definitivamente sí. Mi padre, pues sí, un papá mexicano del norte, súper como. Así, sí, él quería. De hecho, pues digo yo, nosotras todas contradecimos todo lo que quería de nosotras. Y en un momento hasta es difícil eso, como contradecir lo que se espera de ti, es difícil también como mujer. Bueno, en mi generación por lo menos era muy difícil. Y yo me doy cuenta de que fue algo que me pesó por muchos años. Incluso con una carrera y con todo, a mí me seguía pensando que no hice esa vida que se esperaba de mí. Y de alguna manera este libro ha sido un ejercicio de reconciliarme con eso. Decir, ah, no, en realidad cada quien toma su camino y lo que te desean tus padres es lo que desean tus padres, pero no necesariamente lo que deseas tú. O sea, como que va ahí como moviéndose. Pero con mi papá. A mí lo que me gustó fue el ejercicio de escribir sobre él. Yo creo que es algo muy saludable escribir sobre nuestros padres. Chicas, se los dejo ahí de tarea porque la verdad es que es genial hacer eso. Para los padres también, ¿no? Porque finalmente yo creo que. Bueno, mi papá es el mejor ejemplo del hombre deconstruido porque él antes era esto que yo cuento y ahora está todo como romántico y llora y es todo como. Todo es amor. Esto es por tus canciones, ¿no? Como mis canciones, claro, él ya es fan de mis canciones. En ese sentido, sí.
Hay una frase que aparece en el libro, varias, ¿no? Pero una palabra, a lo mejor, que aparece mucho más de lo que yo imaginaba, porque yo te creía una buena niña. Y es la subversión. O sea, hay un intento todo el rato, sea de subvertir con tu padre, de hacer tu camino. A lo mejor no es estar en contra de nadie, sino hacer lo tuyo. Y esto a veces cuesta y a veces la gente no lo entiende. Y hablas de conquistar la soledad en algunos momentos. Que yo creo que en el caso de las mujeres no se entiende demasiado. Nos han enseñado a socializar siempre, a estar con el cuidado, a epatar, a ser muy empáticas con los otros. Y aquí hay un trabajo muy fuerte de Julieta de. Yo hago lo que quiero.
Yo creo que la soledad tiene como muy mala publicidad y yo creo que hay que hacerle mejor publicidad porque yo creo que es muy saludable saber estar sola y poder disfrutar de eso. Igual, siendo como que yo ya no soy tan. Antes era muy exagerada con eso, yo quería estar sola. Ahora ya como que ya me tranquilicé y disfruto la soledad, pero también disfruto mucho conocer gente. Antes no, me costaba mucho trabajo salir, conocer gente. Ahora eso ya cambió. Y en ese sentido, yo creo que las mujeres, como bien dices, sí, nos educaron para un poco rechazar la soledad. Y creo que es algo. Que justo hay que buscar lo opuesto, ¿no? Saber estar sola y saber estar con una misma y saber estar con los demás también.
A lo mejor esta subversión que digo yo tiene que ver, por ejemplo, con esta canción de Terca que está en el disco, ¿no? Estas ganas de hacer las cosas a tu manera, que a veces no se entiende.
Sí, porque yo no lo sentía como su versión. Nunca me sentí como una rebelde, la verdad. Creo que en eso sí era como muy. Sabía lo que quería y eso era todo. Sí, se veía como su versión. Como que, ah, ¿cómo? ¿Cómo que quieres algo diferente a lo que nosotros queremos de ti? Pero yo nunca lo vi como me quiero rebelar. Siempre lo vi como muy claro, como yo quiero hacer música. A ver, ¿qué tenemos que hacer? ¿Para qué se suceda? O sea, y de hecho cuando me fui a la Ciudad de México, pues digo, lo cuento, ¿no? Pero fue porque me enamoré de la Ciudad de México. Era como lo más glamuroso que había en mi casa. El gran mito era México con todas sus movidas y la política se hablaba de México. Todo se hablaba de México, pero.
Mi padre me decía, niña te vas a perder El día que me fui a la ciudad.
La intuición, justamente, es otra de tus lemas de vida. Tú has seguido la intuición. De hecho, hay un momento que a mí me parece delicioso cuando decides irte de Tijuana y tu padre está ahí en el aeropuerto. ¿Por qué te vas? Y tú respondes otra cosa.
Sí, pues le digo, ¿para qué me quedo? O sea, no tenía razón para quedarme. O sea, yo ya había tomado la decisión. O sea, no importaba el diálogo que tuviéramos, porque yo ya no había vuelto atrás. Yo me había ido a la Ciudad de México como tipo de vacaciones. Dije, bueno, un par de semanas, no sé, sola, era apenas que iba sola. Y a las tres, cuatro semanas, un amigo voltea y me dice, ¿y para qué vas a regresar a Tijuana? Y yo. Buena pregunta, no tengo para qué regresar. Y entonces sí acabé regresando, porque además yo no me había traído nada claramente, y había musicalizado una obra de teatro, y hablé con los de la obra de teatro y me dijeron, bueno, ven a hacer una última función, y para mí fue como genial, porque no tenía dinero para comprarme un boleto. Entonces fui, junté mis cositas y me regresé ya para quedarme.
Dices en muchos momentos, ahora hablabas de Ciudad de México, pero también Tijuana, que está muy presente en este libro, que eres un bicho de ciudad, que tiene la ciudad, que es la droga que te da la ciudad.
Sí, a mí me encantan las ciudades. Y digo, yo crecí en una ciudad, en ese movimiento, en el encuentro con las personas, en. Al final de cuentas, digo, no soy persona de campo, no soy persona de ciudades pequeñas. Me gustan las ciudades. Me gusta como la locura, la gente, el ruido. De hecho, cuando nos fuimos a Argentina, nos fuimos a vivir a Buenos Aires también, que es otra gran ciudad. O sea, a mí las ciudades me encantan. Será porque también hay algo con la cultura que se crea en las ciudades, las diferentes. Círculos, si quieres música, tienes música. A mí eso es lo que me enamora mucho de la ciudad, esa hambre de cultura, esa posibilidad de la cultura.
También hay algo, hay muchas imágenes en este libro, yo creo que. Muy de la música o pictóricas, si queréis, porque hay un momento en que hablas de Tijuana y hablas de que hay mar en todos los lados, en el que todo el rato ves el mar, pero que casi uno no se baña, que es como un marco, como esta idea de frontera que está poblando y repoblando todo este libro de Norteña tan delicioso, ¿no? La idea de frontera, como este sitio, también dónde nos colocamos, hacia dónde vamos. Y también yo creo que. Por lo que decíamos antes, cuando alguien empieza en el mundo de la música y cuando representa que hubieran quizás estado más contentos en tu casa si te casabas y tenías 15 hijos, pues de alguna manera uno se está saltando también una frontera. Ahí hay un juego de espejos, no sé.
No, es que sí, yo creo que la metáfora de la frontera es genial, la podemos aplicar a todo. Y yo sí siento que cuando me fui a vivir lejos de México, había algo que me marcaba mucho, que era ser de una frontera. Y además una frontera tan contrastante, de dos países tan diferentes. No era una frontera con un país que hablaba la misma lengua, no es como en Latinoamérica, que tienes fronteras que son países que tienen más en común. Pero ese contraste a mí me marcó mucho. O sea, yo sí. Siempre siento que he vivido un poco como en los márgenes y sintiéndome, o sea, los márgenes en el sentido, por lo menos, o sea, yo en mi familia vivía en los márgenes, yo era la rara, era como la que se quedaba afuera, la que nunca me identificaba con lo que pasaba. Y no porque, y de verdad no era porque yo estaba intentando serlo, me nacía de esa manera, como que no. No lo podía evitar. O sea, yo quería ser como más integrada, pero no me salía, no me sentía. Yo te juro, pensaba que era como hija de unos marcianos que iban a venir a buscarme, así, cuando era chiquita.
En el libro sale este bicho raro. ¿Tú crees que también ha tenido que ver el hecho de ser mujer? Porque cuando empiezas, por ejemplo, a hablar de la música, como entras tú en el mundo de la música, con tus amigos que un poco vas conociendo. En el instituto, algunos que son mayores, uno que se disfraza de doctor para que su padre diga, bueno, va, si es doctor, pues tal, con una bata y tal. ¿Tú crees que tenía que ver también el hecho de ser mujer? Porque, claro, yo no sé. ¿Qué historia tenías tú en la cabeza? Pero yo cuando, que más o menos somos de una edad parecida, para mí lo más parecido a una mujer en la música era Madonna, pero todo el resto eran señoras que cantaban los coros, ¿no? Y entonces, ¿cómo tú entras ahí? ¿Cómo te dejas de sentir bicho raro en un mundo tan masculino donde, hey, nena, tengo una fender?
Es que es muy chistoso porque yo como que nunca le presté atención al hecho de que en mi banda eran casi todos hombres o que cuando tocaba estaba rodeada de hombres. No sé, como que no es algo que yo sentía necesidad de ubicarme en ese respecto. Igual en el norte de México había mucho machismo, hay, lo hay en México, no se diga, pero cuando yo estaba creciendo, estaba rodeada de varones y seguramente había como siempre comentarios, así que como que ahora no pasarían porque sería como, ay, qué pena, ¿no? Pero nunca lo sentí como que iba conmigo. O sea, sí creo que he tenido que luchar mucho conmigo misma en cuanto a la inseguridad. Lo que dices como esta cuestión de la impostora, ¿no? Como que eso sí lo sentí muchos años y me tomó mucho tiempo como sacármelo encima y decir, ya fue, o sea, ya está, usted como que. Ya me dedico a esto, o sea, ya hace años. Pero en términos de sentirme intimidada por ser mujer, no lo sentía. Por lo menos en cuanto al público, ¿no? En Tijuana, pues digo, también en Tijuana mi público era como mi mamá, mis tías, mis abuelitas. Entonces dije, no, yo creo que me gustaría tocar frente a gente que no conozco. Porque todos eran amigos y eran lugares chiquitos, obviamente. Entonces, irme a la Ciudad de México también era un ejercicio de salirme de mi lugar cómodo, irme a un lugar ajeno completamente, a presentar lo que yo era y a ver cómo me sentía ahí. Claro. ¿Recuerdas el primer momento, el primer día de tocar? Sí, me acuerdo. Esos primeros shows eran un experimento todo el tiempo, porque yo realmente no tenía banda. Cuando se deshizo la última banda, empecé a hacer shows que era piano, acordeón, caja de ritmos y hasta un metrónomo nada más. Era muy sencillo. Y era rarísimo porque le abría a bandas y tocaba yo. Sola con el piano o lo que sea y pues era bastante marciano porque además las canciones que hacía yo no tenía muchos referentes de composición que no fueran sobre el piano pero como que no fueran melódicos eso fue algo que también encontré después cuando descubrí a Charly García Si
et penses que ho saps tot, escolta Les dones i els dies.
Que vuelvan los tiempos dorados, los dulces futuros que tanto soñamos. Que vuelva el misterio y el aburrimiento, el no saber nada, el no saber nada.
En este libro habla Julita Venegas mucho de soledad y de una soledad querida también y del deseo de gustar a los demás y también el miedo que da, el deseo que tiene nosotros por ti, ¿no? Yo creo que allí encontraremos muchas cosas muy interesantes para leer y para reflexionar. Pero lo que está siempre también presente es tu herencia literaria, es algo que siempre está ahí. O sea, las personas que te gustan, los hombres que te gustan, los primeros amores, te gustan porque leen. Me da la sensación que si leías tenías bastantes puntos para gustarle a Julieta. ¡Apuntar, amigos!
Ese diálogo siempre ha sido muy importante para mí. Siempre digo que pienso que me hice compositora cuando me hice lectora, cuando empecé a desarrollar un gusto por la lectura, porque la literatura me salvó. En Tijuana, Ciudad Chica, hacerme lectora fue como una bendición. Realmente me sentaba en un rincón y me desaparecía. No es que yo me hice lectora porque, no sé, te preguntan, ¿cuál fue el libro que te hizo lectora? No sé, yo empecé con las novelas de Corín Tellado de las vanidades de mi mamá. O sea, a los ocho años yo leí eso, me hizo imaginar algo. Leías todo. Me hizo imaginar, ajá. Sin prejuicios. Cuando descubrí que me hacía imaginar, dije, wow, eso fue el descubrimiento para mí. Después de eso empecé a construir un gusto que fue durante años y que yo siento que lo sigo todavía encontrando. Siempre me descubro diferente lectora, siempre me descubro diferente. Pero sí, eso fue algo que fue totalmente autodidacta. Siempre ha sido como yo con un libro. O sea, yo con un libro frente a todo, o sea, todas las cosas, ¿no? Eso es algo que siempre
he necesitado, la verdad. También en este libro hablas de amor, hablas de amistades, son importantísimas. Yo diría que tienes muchos ángeles de la guarda. Tienes una maestra margarita, un poco como Bulgakov aquí, ¿no? Y tienes mucha gente que te ha ido como cuidando o que te ha dado la mano en momentos determinados. ¿O es la sensación que tengo yo al leer el libro?
No, sí, es que sí. Yo creo que todo el mundo tenemos, si nos fijamos, hemos tenido siempre gente que nos ayuda, que nos da un empujón y así. A mí me parecía que la historia era esa, era quiénes son estas personas y poner esos personajes ahí también, que fueran parte de lo que estoy contando. Porque, no solamente porque han sido importantes, sino porque todo es una historia al final de cuentas. Pero la historia no es solamente sobre mí, o sea, no era como yo hice esto, yo hice lo otro, sino como estás, o sea, digo, me parecía tan importante contar de Margarita, que Margarita es mi primera maestra de piano y hablo mucho de ella, porque pues ella me cambió la vida, o sea, si no hubiera sido por ella, Yo estaba muy chica igual todavía, pero ella fue la que vio algo que yo no iba a ver nunca y que a lo mejor ni siquiera mis papás que nos metieron a clases de piano iban a ver nunca. Nadie lo íbamos a ver. Y que una persona externa y además una maestra, yo creo que los maestros son muy importantes y también por eso quería resaltar esa figura, pues a mí me parece que es alguien que sí marcó mi vida muy fuertemente.
Me siento norteada Perdida en el sur Un poco mareada Tan triste y cansada Buscando la luz Un día llegué Pensando era un rato. El tiempo pasó El amor se acabó Fue tan ingrato Y no pido mucho.
El amor está ahí, está en todas las canciones de Julieta Venegas, es el tema. Tú dices, o bueno, o más o menos dices que como a todas las mujeres, el amor romántico o la idea del amor ideal, la media naranja, nos ha hecho un poco de daño.
Poquito. Un poquito solo un poquito porque o sea sí es importante el amor pero no este chip que nos metieron nos tenemos que sacar o sea sí el amor romántico está genial obviamente es súper bonito este enamorarte y tener una relación o sea una relación una profunda eso a mí se me hace bien bonito pero o sea yo creo que yo por lo menos con el paso del tiempo descubro que la amistad es más importante para mí. O sea, por más que sí, el amor me encanta y sí digo, ay, qué bonito. Y además, yo quería hablar del amor en el libro porque hablo mucho de amor en mis canciones. O sea, siempre ha sido un impulso ese tema que me encanta, que le doy vueltas, que le encuentro esto, lo bueno, lo malo. Me gusta contar principios, finales. O sea, me parece un tema como infinito porque de alguna manera es lo más elemental que tenemos, ¿no? Como ese. Ese deseo de querer a alguien y de conocer a alguien y todo eso yo creo que es algo que todo el mundo compartimos y a mí en mis canciones sí y por eso quería dedicarle también un capítulo a ese tema porque decía pues es que todo el libro gira en torno a mi relación con la música y yo creo que sí es muy importante el tema del amor en mi música o sea sí es algo que yo noto que me gusta que vuelvo siempre como Juan Gabriel exactamente.
El amor, la amistad, todos estos ángeles de la guarda del que hablamos y yo creo también, ahora no sé si te vas a enfadar, pero los objetos, los objetos en el sentido de dos instrumentos muy importantes, el acordeón y ese piano dorado con el que aprendes y tu padre también, este señor que era un poco serio, ya hemos dicho, pero que es maravilloso, luego ya vamos viendo, que te dice, para ti el piano, o el piano es para ti. Sí. Y lo sientes como un regalo y me da la sensación de que estos dos objetos, instrumentos, te han acompañado mucho a todos los niveles.
Sí, totalmente. O sea, especialmente como que el piano fue. Pues digo, yo era muy chica. O sea, a mí a los ocho años que me dijeran que un piano así gigante era mío, fue como algo que me tomé muy en serio y que dije, esto es un compromiso. O sea, no lo dije, pero creo que lo viví como un compromiso. Como esto ya es algo que tiene que ver con él y yo. O sea, está aquí porque todos los demás dijeron que no querían, que no les. Mis hermanos, o sea, nosotros empezamos todos en el piano. Y en un momento, Mi maestra tuvo que hablar con mi papá y decirle, no les interesa, a las demás no les interesa, pero a Julieta sí. Y eso para mí fue como un momento, así de una revelación, porque dije, ah, claro, yo sí, a mí sí me gusta, yo sí me quiero quedar. Fue como muy emocionante, la verdad. Ese descubrimiento, como de. Ah, o sea que esta facilidad que tengo es algo, o sea, yo sabía que tenía facilidad, pero no sabía que era algo como notorio, ¿no? Así que fue importante.
Notorio, pero tú también debías tener una fuerza interior importante, porque normalmente cuando tienes seis años o siete y te dan un piano, juegas un rato y al cabo de otro dices, bueno, ahora me voy a llevar la tele, ¿no? Bueno, ya sé que no tuvisteis tele durante un rato, pero. Es culpa de no tener tele, pobre niña. Vale, la cosa es que tú te metías allí horas y era como tu mundo interior, ¿no?
Sí, además como que hay algo en el sonido que también, tocar el piano también tiene que ver con su sonido y con los tambores, con las cuerdas, o sea, como que eso de la relación que tomas con el piano es muy. Es súper fuerte, o sea, a mí por lo menos sigue siendo como un instrumento que me tranquiliza mucho y que, o sea, el acordeón tiene otro tipo, otro lugar, o sea, porque a mí el acordeón me gusta mucho cuando estoy arreglando una canción o en los shows me divierte mucho tocar el acordeón porque es parte ya de mi personalidad, no sé, como que siento que el acordeón saca la fiesta, o sea, como que quiero que sea, no sé, me gusta mucho eso y a la vez es como muy elemental, es como un instrumento que puedes tocar aquí sola y no sé, no necesitas nada, no necesitas ningún tipo de microfonía, nada, es simplemente. Casi como muy pegado a la tierra y eso como contraste sónico me encanta. O sea, si yo meto un sintetizador y le meto el acordeón me parece la mejor combinación. O sea, como lo más artificial, lo más natural que hay.
Yo no sé si nos gustaría oír algo. Porque yo creo que en Norteña el libro está lleno de estos momentos donde hay un diálogo. Podríamos leernos el libro y escuchar el disco al mismo tiempo y también escuchar las canciones
y luego ir a buscar los fragmentos en el libro. Yo tenía muchos años soñando con hacer el disco de Norteña. Tenía como seis años pensando cómo me gustaría hacer un disco de música del norte, homenajeando a mi ciudad, a mi estado, a mi familia. Al final, como conté, terminó siendo un poco diferente, no es un disco de música norteña tradicional, pero cuando hicimos esta canción que tiene que ver con el pasado o con la inocencia, supongo que tiene muchas lecturas, hay una imagen que cuento en esa canción que dije, wow, esto no se esto ya sé de dónde salió, salió de mi infancia, que dice, la frase dice, las voces de niñas cantando en el eco profundo, desierto en el mar. Y eso dije, wow, claro, eso es una imagen de mi infancia, cuando hacíamos los viajes en carretera en Baja California, que todo es desierto y mar, porque finalmente la península, que es la botita, Para quienes no saben, eso alargado es una península que se llama Baja California, es Baja California Norte y Sur. Y nuestros viajes siempre fueron ahí, o sea, fueron al Mar de Cortés, que es como la parte de en medio, el Mar de en medio. Y pues nada, vino directamente de ahí, entonces de ahí dije, ah, es el momento para escribir también esta memoria, y por eso es que les quiero cantar esa. Se llama Tiempos Dorados.
Que vuelvan los tiempos dorados, los dulces futuros que tanto soñamos, que vuelva el misterio y el aburrimiento, el no saber nada, el no saber nada. Que vuelva el amor lastimero, eléctrico e intenso, que nunca se olvida, pero es pasajero, te deja una huella que nunca se irá, nunca se irá. A sentir que no hay nada igual de tanto vibrar Es un milagro, lo quiero atrapar Es un espejismo que se esfumará Más fuerte lo sientes, más pronto se va.
Que vuelvan los viajes sin rumbo, las hojas en blanco, las flores del mar Tú dime a qué mundos irías si todo algún día volviera a empezar Las voces de niñas cantando en el eco profundo, desierto en el mar. A sentir que no hay nada igual de tanto vibrar Es un milagro, lo quiero atrapar Es un espejismo que se esfumará Más fuerte lo sientes, más pronto se va Más cerca parece, más lejos está Y tú bien lo sabes. Que no volverá.
En Norteña el libro está lleno de estos momentos donde hay un diálogo. Podríamos leernos el libro y escuchar el disco al mismo tiempo y también escuchar las canciones y luego ir a buscar los fragmentos en el libro. O sea que para nada se explican las mismas cosas, son lenguajes distintos, pero está ahí todo.
Pero sí están conectados y de hecho les quiero tocar una canción que fue cuando me di cuenta de que era un proyecto de memoria, que se llama Tiempos Dorados, fue la primera canción que hicimos con David Aguilar, la escribí, que es un amigo compositor mexicano, que cuando la escribimos dije, claro, yo tenía muchos años soñando con hacer el disco de Norteña, o sea, tenía como seis años pensando cómo me gustaría hacer un disco de música del norte, o sea, como homenajeando a mi ciudad, a mi estado, a mi familia, así. Al final, como conté, terminó siendo un poco diferente, no es un disco de música norteña tradicional, pero cuando hicimos esta canción que tiene que ver con el pasado o con la inocencia, supongo que tiene como muchas lecturas, hay una imagen que cuento en esa canción que dije, wow, esto, no sé, esto ya sé de dónde salió, salió de mi infancia, que dice, la frase dice, las voces de niñas cantando en el eco profundo, desierto en el mar. Y eso dije, wow, claro, eso es una imagen de mi infancia, cuando hacíamos los viajes en carretera en Baja California, que todo es desierto y mar, porque finalmente la península, que es la botita, Para quienes no saben, es como eso alargado, es una península que se llama Baja California, es Baja California Norte y Sur. Y nuestros viajes siempre fueron ahí, o sea, fueron al Mar de Cortés, que es como la parte de en medio, el mar de en medio. Y pues nada, vino directamente de ahí, entonces de ahí dije, ah, es el momento para escribir también esta memoria.
Este espejismo del que hablabas, esta dificultad a veces para acabar de encontrar, me imagino, la historia para contar, y ese pudor que está un poco en contra de acabar contando tu vida. ¿Cómo has trabajado con eso?
Sí, o sea, digo, lo digo en broma, pero hice mucha terapia, de verdad, o sea, me ayudó mucho. Te juro, porque tenía que resolver cosas. Nos lo recomiendas, ¿no? Lo recomiendo, sí, sí, sí. Bueno, tiene que encontrar la terapeuta ideal. Yo, la verdad, es que viviendo en Argentina, todo el mundo hace terapia. O sea, no conozco a nadie personalmente que no la haga, la verdad. Les juro, fue importante porque encontré la terapeuta. Estoy feliz. De hecho, sigo con ella en virtual y cuando voy a Buenos Aires la veo en persona, pero sigue siendo mi terapeuta. Yo sí creo que tenía un tironeo y ese tironeo me parece que tenía que porque por un lado sí y por un lado no. Entonces dije, ¿hay algo. ¿Qué tengo aquí que tengo que resolver? O sea, claramente quiero hacerlo, pero ¿qué es lo que me está impidiendo finalmente? Si es solamente ese pudor o es que tengo que resolver. O sea, hay cosas a resolver. No puedo escribir sin haber resuelto. Por eso es que no hay rencor en el libro. O sea, yo no tengo ni rencor y tampoco siento nostalgia. No es como que yo lo escribí soñando con volver a esas épocas. Para nada, o sea, es algo que yo lo tomé como una forma más de reconciliación, de qué lindo poder contar estas cosas, contar esta manera de ser de mi padre que yo odiaba y ahora poder mostrárselo y poder compartirlo con él y cómo la vida te va acomodando las cosas también, ¿no? ¿Qué ha dicho? ¿Qué ha dicho? Que ahora no nos oye. ¿Qué ha dicho el padre? Mi papá y mi mamá lo leyeron dos veces seguidas juntos y lloraron las dos veces. O sea que. Fue una buena señal.
Eso está bien. En el libro también hablas del miedo, que parece que el miedo ha estado ahí, pero igualmente ha sido alguien que se ha movido a pesar del miedo.
Sí, como que el miedo yo creo que es un elemento muy natural, pero yo como que me ganaba algo que me jalaba. A mí me jalaban las cosas. Como que decía, me tengo que ir a México, me tengo que ir a México, me tengo que ir a México. Tengo que dejar la banda, tengo que dejar la banda. O sea, como que me. Tenía estos impulsos que a veces parecían medio locos, pero en el fondo, ahora, con el tiempo, digo, claro, eso es la intuición. Al final de cuentas, la escuchas o no la escuchas, pero hay un instinto que te dice, como dices a veces, uy, tuve que haberme escuchado cuando iba a hacer esto y no tenía que haberlo hecho, o no lo hice si tenía que haberlo hecho, y cosas así. Y yo sí creo que hay mucho de eso en el libro. O sea, Y la defiendo, además, la intuición. Yo creo que está bueno creer en la intuición. O sea, está bueno como escucharte,
¿no? Y respetarte, respetarse a uno mismo, ¿no? Porque también hay un momento en el que hablas, claro, de la entrada al mundo de la música. En el mundo de la música, cuando entras en las majors, etcétera, lo más fácil es que te digan, cámbiate el pelo, ponte rubia, esta canción no nos gusta. Y tú hablas, por ejemplo, de que una discográfica te había dicho, pues esta letra cámbiala un poco, ¿no? Y de pronto tú eliges el camino de no cambió nada.
Eso fue importante, la verdad. Lo digo en el libro, pero yo era muy insegura. Me tomó muchos años dejar de ser tan insegura. Pero al mismo tiempo había algo que me impulsaba, como una seguridad de que esto no puede cambiar. O sea, no le puedes mover una palabra y que signifique otra cosa. O sea, es como que se me desarma todo. Todo tenía sentido para mí, así como estaba. Tampoco es que yo podía decir, estoy haciendo rock, estoy haciendo pop. Ni siquiera sabía describir qué música estaba haciendo. Estoy componiendo canciones con piano y. No sé, arreglémonos. Eso es lo que hay. No sé otra manera de llamarlo. Y empecé a abrir. Además, yo me identifiqué más con el mundo del rock en México porque era el mundo que estaba fuera de la televisión, que era fuera de la radio, se movían espacios alternativos. Eso para mí fue natural entrar en ese mundo, pero yo no hacía rock. Yo le abría Molotov, pero claramente hacía otra música. Y alguna vez le abría Café Tacuba, que también me identificaba más con Café Tacuba musicalmente, pero igual tampoco era ahí. Yo decía, bueno, pues yo creo que de personalidad me identifico con estas personas mucho más porque hay una búsqueda, ¿no? Hay como más misterio y hay espacio para el misterio. O sea, yo salía con mi acordeón y la gente se quedaba pasmada y eso ya me daba una ventaja. Tenía por lo menos media canción de ventaja en donde yo ya había entrado. O sea, ya me habían escuchado la mitad, entonces ya. Y eso fue un lindo ejercicio, porque digo, el acordeón es un instrumento muy natural en la música mexicana, pero en el rock muy poca gente lo usa. O sea, yo me inspiré en gente que lo usaba en el rock. No sé, Sergio Araújo me creo que traía un acordeonista, o los Lobos siempre tenían acordeón. Tom Waits, que claramente no es mexicano, pero bueno, él también usaba mucho el acordeón y me atraía el sonido y me atraía lo que podía pasar con ese instrumento.
Y también es un punto de valentía, yo creo, porque cuando estás metido en el mundo del rock o estás metido en una escena parece que tienes que seguir siempre el camino y de algún modo era como coger tus raíces y defenderlas a tu manera, ¿no? Que yo creo que tiene que ver algo así como con ganar seguridad también.
Pues es que, más que nada, era como con gran inseguridad me agarraba lo que yo conocía y ahí salía. O sea, no era como una audacia o no era porque lo hacía, porque decía, no, yo soy esto. Era como, esto es lo que yo soy, no tengo otra cosa para ofrecer, así que ahí va. Ese impulso siempre, como esa intuición de decir, esto es lo que hay. Y siempre digo eso, es lo que hay. No se puede inventar algo, alguien que no es. Si te subes a un escenario a tocar unas canciones que a lo mejor yo en mi casa las había tocado cien mil veces, pero las demás personas no. Pues digo, llegaba con cierta seguridad por lo menos de lo que iba a presentar, aunque. Fueran canciones que a lo mejor a veces las amaba, a veces las odiaba. Eso es lo que yo era. No había como mucho más que inventarme. O sea, no me iba a meter en una banda de rock porque ya lo había hecho y no había funcionado. No iba a meterme, o sea, a aprender. Porque yo guitarrista no soy. O sea, toco la guitarra más o menos, pero tampoco. Yo siempre he sido pianista. Es como mi instrumento. Entonces me sentía más segura en hacer canciones que partieran desde el piano.
Ahora que estabas cantando pensaba que también hay una guerra con las palabras porque en algún momento del libro también estoy contando todo, ya no lo vais a leer. No, léanlo, es buenísimo. Las Afueras, editorial maravillosa, que ahora hablaremos, porque también has trabajado con muchos editoriales independientes. Sí, o sea, cinco. Tampoco nos hicimos suponer tan locos. Pero bueno, ¿cómo fue esta decisión de lo voy a sacar en diferentes países con diferentes editoriales?
Yo quería sacarla con editoriales que quiero mucho, que me gustan, que he leído, con quienes he tenido acercamientos y hemos hablado personalmente. Eso me parecía que era el proyecto que yo quería hacer. El libro no es como un libro sobre mi carrera. No era como un libro rimbombante, era más como íntimo y quería como si lo iba a poner en manos de alguien que fuera gente que les tengo cariño y que leo y que les respeto. Me parecía importante eso. Acá en España está con las afueras, como dices, en Chile está con La Pollera, en Argentina con Blat y Ríos, en México con Almadía y en Colombia con Laguna Libros. Entonces, a mí me parecía bonito eso, como, hagámoslo así, como con gente que admiro, que leo, que quiero. Entonces, se me hizo. Pues ha sido muy bonito, la verdad, poder hacerlo de esta manera, porque. Sí creo que hay un trato muy diferente, muy cuidadoso, muy cariñoso especialmente, con un proyecto así que para mí es como muy cercano, que no era como tipo sacarlo a lo bestia, sino era como sacámoslo íntimamente y no sé, como de una manera cuidada, eso me parecía importante.
Hablábamos antes del amor, que me he despistado, me he cambiado de tema con la editorial, pero hablabas también del amor por las palabras en el libro y de cómo al final, aunque las palabras son tan importantes para escribir libros, para escribir canciones, a veces nos traicionan y que también tu familia ha sido una familia muy de silencios. Sí, yo creo que a veces la
música ocupaba esos silencios, ¿no? O sea, ¿por qué escuchábamos tanta música? ¿Tampoco platicábamos nunca o qué? O sea, no, en realidad era como que la música se convertía en nuestra manera de estar juntos sin tener que. Porque sí, la comunicación era dura, o sea, digo. Ahora yo creo que todavía tenemos nuestras cosas todavía como en la comunicación, pero se ha cambiado. Pero cuando éramos chicos y mi papá todavía no tenía su deconstrucción, que les he mencionado varias veces, era difícil la comunicación. Los espacios se habitaban con mucha. Con una cosa muy dura. Y ahora yo creo que en ese sentido es lo bonito, que ahora podemos vivir de otra manera. Digo, claramente ya no vivimos todos juntos, pero hay algo ahí como del encuentro que ahora valoramos mucho. Justamente al no vivir juntos valoramos mucho el poder encontrarnos. Hace poquito nos encontramos todos, se casó mi hermana, que si Navidad nos vamos a encontrar todos. O sea, eso es como importante. De hecho, ahora, la que viene ahora su cumpleaños es mi mamá. Ahora cumple 80 ella. Entonces, pues se pueden imaginar que ya están esperando la canción. ¡Ja, ja, ja! Sí, porque ahora has creado ya un precedente, hay envidia. Claro, es como, oye, yo también con los 80. Todo el mundo quiere su canción, ¿no? Sí, dije, ¿ahora qué pasa? ¿Ahora se va a armar la fiesta? Todo el mundo quiere su canción. Le digo, pues cálmense. Digo lo de las quesadillas, pero nadie me cree.
¿Cuál es el capítulo del libro y quizás en el disco también de Norteña que más te costó escribirlo? ¿Están relacionados?
O sea, el disco y el libro están relacionados, sí, porque de alguna manera hay situaciones que son paralelas. Yo cuando me fui a la Ciudad de México, que hablo de Ciudad de México cuando me despedí de mi papá, cuando volví y no sabía si iba a poder quedarme porque estaba siendo muy duro. Todo ese episodio lo cuento en una canción del disco que se llama Terca, porque finalmente sí se conecta en el sentido de que yo sí creo que la terquedad es una forma de intuición y sí creo que la intuición, yo todo lo que he hecho está atravesado por eso, por escuchar eso, a veces sin explicaciones, hacer las cosas que me parece que tienen que ser de esa manera y supongo que en ese sentido sí siempre he sido como una necia, pues sí. O sea, que no es algo malo, pero en una familia mexicana del norte de México, creciendo en cierta edad, en cierta época sí era algo negativo.
Esta terquedad, esta tozudez que decimos aquí, que te ha servido también para hacer toda una carrera, a lo mejor a veces tomando decisiones que no todo el mundo entendía, ¿no?
Sí, que ni yo misma entendía. A veces decía, no sé por qué estoy haciendo esto, pero bueno, va, va, va. O sea, ya, listo. Tiene que ser así, no sé por qué. O sea, sí, a veces yo misma me sorprendía. Separarme de mis amigos, de la banda en la que tocaba, yo sabía que no me podía quedar. Pero al mismo tiempo tampoco tenía. Algo alternativo. O sea, yo me estaba yendo sin tener ni idea de lo que iba a hacer. Y fue duro eso porque eran mis amigos, porque eran como O sea, era mi grupo, digamos, en Tijuana. Entonces, cuando me salí, es como que dije, es que no hay otro camino. Y los vi después crecer y triunfar. Y yo ahí en Tijuana haciendo música de teatro porque todavía no sabía ni cómo llegar. O sea, eso fue difícil. Eran decisiones que ahora con la distancia, pues como ya hice mi carrera, ya parece como, uy, no, pues fue fácil. No, en ese momento era terrible. Yo era adolescente, mis amigos. Estaban yendo de gira, iban a la Ciudad de México. Y yo aquí haciendo música para teatro en Tijuana. Era duro.
Ahora que estamos en intimidad, no nos oye nadie. ¿Has roto muchos corazones o qué? ¿Yo? Sí. No, no. He roto y me han roto. O sea, digo, el amor es el amor y a veces te toca a ti, a veces. Porque es muy discreta en este capítulo, en el libro, y ahora aprovecho ya que la cosa está caliente. Que estamos aquí solas para. Exacto. ¿Cómo has llevado esto de la cantante rompecorazones?
¿Qué tan real es? No, o sea, yo la verdad es que digo, no me voy a poner como una nerda, pero las mujeres somos más nerdas en gira, yo creo que los hombres. ¿Nerdas? Sí, como nerdas, o sea, yo termino un show y me voy a leer, o sea, no es como que digo, me voy de fiesta todas las noches, o sea, de hecho cuando menos bebo y cuando menos salgo es cuando estoy de gira, que es lo opuesto a los músicos. Fatal, ¿no? Yo creo que es lo opuesto a los músicos, que cuando están de gira. Es cuando salen de fiesta y cuando llegan a su casa se guardan y son todos buenos así, pero yo por lo menos no. Digo, tampoco es que salga mucho de fiesta, pero realmente en la gira menos.
O sea, el rock and roll, sexo, drogas y el rock and roll, no. No, la verdad que no. Acordeón y meditación.
O sea, no digo que no haya habido, tampoco soy una monja, pero no. No como en esa imagen como de me voy de gira y O sea, acordeón y meditación, ¿no? A mi habitación, sí. Además, el alcohol, no soy tan del alcohol. Como que sí, te digo, puedo brindar y tomarme un vinito y todo, pero así como que en la gira. Termino un show y lo último que quiero es tomarme un mezcal, me quiero ir a dormir. O sea, que no sé, como que en la gira. Pero siempre he sido así, no es como que ahora soy así,
siempre fui así. No sé si para despedirte quieres tocar algo más. Sí, obvio. Una maravilla, muchas gracias. Gracias, Julieta.
A ver si la saben esta, ¿eh?
¿Por qué no supiste entender a mi corazón lo que había en él? ¿Por qué no tuviste el valor de ver quién soy? ¿Por qué no
escuchas
lo que está tan cerca de ti? Solo el ruido de afuera y yo que estoy a un lado desaparezco. Para ti voy a llorar y decir que no merezco esto porque es probable que lo merezco pero no lo quiero por eso me voy me despido de ti me despido
de ti. Porque sé que me espera algo mejor Alguien que sepa darme amor De ese que endulza la sal y hace que salga el sol Yo que pensé, nunca me iría de ti Que es amor del bueno de toda la vida Pero hoy entendí que no hay suficiente Para los dos, nada. Voy a llorar y decir que no merezco esto Porque es probable que lo merezco Pero no lo quiero, por eso me voy Qué lástima, pero adiós Me despido de ti y me voy. Qué lástima, pero adiós, me despido de ti y me voy. Qué lástima, pero adiós, me despido de ti y me voy. Muchas gracias.