Desorientat va tornar a casa emprenent un camí sense tornada: l'Alzheimer.

Hola, soy Agustina Roig, he vivido 52 años casada y muy feliz con mi marido Manel. Su salud era buenísima, nunca había estado enfermo y nunca lo habían operado


Hola, soy Agustina Roig, he vivido 52 años casada y muy feliz con mi marido Manel. Su salud era buenísima, nunca había estado enfermo y nunca lo habían operado. Era muy trabajador y responsable, nunca había cogido una baja laboral y cuando llegaban las vacaciones, hacía las justas porque disfrutaba y le gustaba su trabajo. Era un gran lector y tenía una gran actividad mental. Cada día leía la Vanguardia con profundidad, además de leer muchas novelas.
Pero un día sin más, Manel fue al futbol como cada domingo cuando el Barça jugaba en su estadio (hacía 50 años que éramos socios del club y siempre teníamos la misma entrada -boca 127- y el mismo asiento), al cabo de 2 horas más o menos de que el partido hubiera terminado, Manel llegó a casa (nosotros vivimos cerca del estadio) y me dijo que no había encontrado ni la entrada ni su asiento, (aquel día no lo acompañe porque lo hacían por la noche). Aquello tanto a mis hijos como a mí nos alarmo y nos empezó a preocupar su comportamiento. Poco a poco sus despistes y olvidos fueron aumentando. En seguida fuimos al médico de cabecera, el Dr. Anguita y nos comunicó que tenía Demencia Senil, sólo con una pequeña observación y viendo como Manel se desenvolvía ante sus preguntas, el doctor acertó. Con el tiempo también le fueron haciendo pruebas para procurar que el desarrollo de esta enfermedad fuera lo más lento pero día a día le iba afectando más y se le diagnosticó como Alzheimer. Pero él estaba tranquilo y bien, siempre atendido y cuidado por nosotros. (no sabremos nunca si él se daba cuenta del cambio tan grande y cruel que iba padeciendo). Nosotros mucho.
Su enfermedad no fue muy larga pero si rápida. Al cabo de un tiempo la SS. a través de la ley de la dependencia, me ofreció una ayuda ( una persona 2 días a la semana un par de horas para la higiene personal) así yo podía ir a clases de patchswork ( que me encantan) y distraerme un rato y no crear tanta, tanta dependencia como esta enfermedad crea. Previamente, un día a la semana íbamos a la clase de la memoria aquí en nuestro barrio ,la profesora era y es muy trabajadora y respetuosa, mientras ella explicaba le hacíamos ejercicios, Manel, a su manera, escuchaba y pintaba dibujos infantiles. Nunca dio ningún problema , todos en la clase lo apreciaban y lo querían mucho. También nos gustaba hacer vida de barrio: pasear un poco, sentarnos en los bancos de nuestra Avenida, ir a misa, tomar algo fresquito en nuestra cafetería¿. Yo soy muy presumida y alegre y me gustaba que Manel también se sintiera así, siempre juntos y cogidos del brazo. También íbamos a Tortosa (él era de allí) porque nos gustaba mucho pero ya no podíamos ir a la playa ni dar paseos largos. Aun así éramos felices y todos lo cuidábamos con mucho amor y atención, sobretodo mis hijos.
Pero al tercer año la enfermedad fue muy rápida y más degenerativa, ya no hablaba apenas, tenía muy poca movilidad, se caía por la noche, ya no salíamos de casa, estaba muy desorientado, tenía una mirada triste como si se fuera apagando, había que ayudarle en todo, su colaboración era nula. De vez en cuando venía una persona ( a nivel particular) a ayudarme por la noche en la cena y para ir a dormir. Todos fueron muy buenos.
Una tarde-noche hubo que ingresarlo al Clínic porque tenía problemas respiratorios muy graves, estuvo una semana en el hospital. No podía tragar nada de comida pero el medico dijo de no operarlo por su estado y por la edad ,le colocaron un tubo por la nariz para pasarle algo de comida pero le costaba mucho.
Y así poco a poco fue Manel empeorando, una noche en vísperas de su cumpleaños el doctor nos dijo que estaba muy mal, respiraba y tosía con mucha dificultad. Nos dijeron que no nos fuéramos porque seguramente de esta noche no saldría. Nos prepararon una habitación para nosotros solos, estábamos todos a su lado, los que él más quería: sus hijos, mi yerno, mi hermana y yo. A les seis de la mañana con un suave respiro nos dejó sin decir nada, se fue al cielo. Me pude despedir de él y darle los últimos besos y caricias, fue el amor de mi vida, lo quise mucho y tengo de él los mejores recuerdos, siempre vividos juntos.
En los tres años que duró su enfermedad, nunca, nunca, nunca lo regañé o me enfadé con él. Nunca fue un enfermo violento o difícil, al contrario le gustaba que estuvieran por él y lo agradecía.
Guardo los mejores recuerdos de él con muchísimo Amor y Ternura por eso lo encuentro a faltar pero también estoy feliz y contenta por haber compartido tantos años juntos en lo bueno y en lo malo. Siempre en casa lo tenemos presente en muchas fotografías o en vivencias que recordamos de él sin ningún dolor o tristeza. Pero no L'OBLIDEM mai.

Atentament,
AGUSTINA ROIG
Barcelona, Octubre del 2013.


PD: Mi mayor gratitud y confianza a todo el servicio médico del HOSPITAL CLÍNIC de Barcelona.


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