Autoretrat/Self-portrait - Alberto García-Alix
A la Virreina Centre de la Imatge de Barcelona es pot veure fins el dia 5 de maig una magnífica mostra fotogràfica Autoretrat/Self Portrait, del fotògraf Alberto García-Alix
A la Virreina Centre de la Imatge de Barcelona es pot veure fins el dia 5 de maig una magnífica mostra fotogràfica Autoretrat/Self Portrait, del fotògraf Alberto García-Alix. Nascut a Lleó l'any 1956 tot i que vinculat des de sempre a Madrid, és un dels artistes més singulars del nostre panorama. Lligat a l'efervescència del rock i del pop a la capital, se l'ha considerat sempre el fotògraf de la movida, tot i que ell ho desmenteix dient que ell la vivia com qualsevol altre i que les coses anaven passant al seu voltant.

Sigui com sigui, a banda de la seva feina de cronista d'uns ambients vinculat al rock, a les drogues, a la marginalitat i a la foscor urbana, també té una altra faceta que, en certa manera vindria a ser la mateixa, ja que costa establir conductes estanques en la vida i en la personalitat d'aquest fotògraf. És la de l'autoretrat. Des de sempre ha estat subjecte actiu de les seves imatges i no només en l'aspecte més directe de fer-se fotografies a ell mateix. Visitar la mostra de la Virreina o capbussar-se al llibre que ha editat La Fábrica Editorial és observar que la vida acaba sent molt més que la imatge d'un rostre.

Autoretrats conduint la Harley (una de les seves passions), retrats de les seves parelles, primers plans injectant-se heroïna, objectes quotidians, preservatius, tatuatges, caçadores, sabates velles, habitacions, llits d'hotel, pòsters, cartes, revistes, ombres. Tot és un tot i tot forma part del fet de viure, de la biografia que ss va construint d'instants, d'imatges, de fragments d'un tot que creix i que s'alimenta de tot allò que has viscut i de tot el que intueixes que viuràs.
Aquests són uns fragment del text que forma part del llibre i que es titula Escondido en mi miedo:

Por qué comencé a tomarme fotos se me escapa, pero, fuese
por lo que fuese, hubo en ello algo de coquetería, mucho de
juego y más aún de soberbia, pues desde muy temprano fui
consciente de que me arrogaba con ello un presente. Lo poseía,
podía verme a mí mismo en la imagen con la pasión de un
joven actor debutante. Por primera vez, la escena y la luz eran
mías. Esa gata y esas habitaciones húmedas. Ese brazo desvirgado
por la droga. Esos zapatos o ese fibroso doncel cocido en
sus propias emociones.

Me recuerdo como un vitalista incansable, un echado para
delante, quizás porque no ambicionaba mucho. Solo deseaba
una vida intensa e independiente y me aplicaba a ello, más
por la fuerza de mi romanticismo que por fe en la acción o
el resultado. Caminé hacia delante con decisión suicida. No
admitía consejos o no me interesaban. Mi egoísmo era entonces
una gran coraza defensiva y hasta sacaba fuerza de
mis vicios y debilidades. También era soñador y decidido, leal
y generoso, sobre todo para conmigo mismo: estaba dispuesto
a perdonármelo todo, aunque esto no lo supe hasta mucho
tiempo después.
Fui muy militante en mis aptitudes. Orgulloso e ingenuo, quería
la verdad en todo y todo a la vista, como si tal cosa fuese
posible¿. Durante años compensé mis debilidades con mi
atrevimiento y mi cólera. Creí tener patente de corso. La vida
como botín. Retraté mis posesiones, mis vicios y las esquinas
de calles por las que me moví porque quería elevarlas a la altura
de una épica. La vanidad del exceso, su gloria y sus heridas,
condujeron mi mirada. Buscaba un lirismo visual sujeto a mi
febril acontecer diario. Un territorio virgen donde imponerme
y manifestar mi identidad, sin más sentido que alimentar mi
deseo libertario de ser y de ver.
Hipocondríaco, un tanto autista, cobarde¿ Es a mí a quien
miro. Ya no hay tregua ni fin en la acumulación de pavores.
Los latidos de mis nervios y ojos se tensan, varias vidas han
pasado por ellos y vibran en este espejo. Me he visto arder en
mis pasiones y delirios, quemarme en esa pira sin pudor y renacer
de mis cenizas. Mi identidad es un devenir de identidades
y así seguirá. El destino es ya solo afán de supervivencia.
«Un día más», como decía un amigo.
Desgajado de mi memoria, el ayer se presenta a mis ojos con
lirismo de cartel de circo y estrellas. El hoy, en cambio, lo afronto
con otro rostro y el alma de un payaso. Un fabulador de
mí mismo por propia supervivencia. Necesito mirarme y verme
para sentirme vivo....

...Fotografiar es dar una intención manifiesta a lo visto. Un aliento
para crear un diálogo con lo que se mira. ¿Quién soy? ¿Qué
puedo ver? Un monólogo atropellado en el que me abismo
mientras miro por cámara. La imagen es tan falsa frente a la
sinceridad de los sentidos que casi no encuentro palabras. Su
amor se cosió a mis penas. La orilla izquierda. Una vez más¿.
Con esas pulsiones busco verbalizar, con el corazón en un
puño, mi mirada....

...Mirar es vivir. La fotografía me ha unido a los
espacios con los que compartí mi sombra. En esas arañadas
paredes que ayer cobijaban mis anhelos o en esas ventanas
ateridas de desengaños, puedo sentir el rencor del tiempo.
Una reverberación de decadencia. Un cansancio sin límites.
Qué irracional y espeso es el miedo. Algo veo en estas imágenes
que las siento una paradoja del retrato de Dorian Gray. Si
pudiese dar marcha atrás y escapar a este momento de verme,
les juro que no estaría aquí, pero ese no sería yo. La soberbia
aún me mantiene en pie y el presente sigue siendo un botín,
así que un día más continuaré sostenido en la doliente espina
dorsal de mis temores. Lo prodigioso es que no me paraliza
ni me detiene, sino que me convulsiona e impulsa a seguir
mirándome aun a costa de saber que siempre será el miedo el
alma de esta máscara bajo la que me muestro.

Sigui com sigui, a banda de la seva feina de cronista d'uns ambients vinculat al rock, a les drogues, a la marginalitat i a la foscor urbana, també té una altra faceta que, en certa manera vindria a ser la mateixa, ja que costa establir conductes estanques en la vida i en la personalitat d'aquest fotògraf. És la de l'autoretrat. Des de sempre ha estat subjecte actiu de les seves imatges i no només en l'aspecte més directe de fer-se fotografies a ell mateix. Visitar la mostra de la Virreina o capbussar-se al llibre que ha editat La Fábrica Editorial és observar que la vida acaba sent molt més que la imatge d'un rostre.

Autoretrats conduint la Harley (una de les seves passions), retrats de les seves parelles, primers plans injectant-se heroïna, objectes quotidians, preservatius, tatuatges, caçadores, sabates velles, habitacions, llits d'hotel, pòsters, cartes, revistes, ombres. Tot és un tot i tot forma part del fet de viure, de la biografia que ss va construint d'instants, d'imatges, de fragments d'un tot que creix i que s'alimenta de tot allò que has viscut i de tot el que intueixes que viuràs.
Aquests són uns fragment del text que forma part del llibre i que es titula Escondido en mi miedo:

Por qué comencé a tomarme fotos se me escapa, pero, fuese
por lo que fuese, hubo en ello algo de coquetería, mucho de
juego y más aún de soberbia, pues desde muy temprano fui
consciente de que me arrogaba con ello un presente. Lo poseía,
podía verme a mí mismo en la imagen con la pasión de un
joven actor debutante. Por primera vez, la escena y la luz eran
mías. Esa gata y esas habitaciones húmedas. Ese brazo desvirgado
por la droga. Esos zapatos o ese fibroso doncel cocido en
sus propias emociones.

Me recuerdo como un vitalista incansable, un echado para
delante, quizás porque no ambicionaba mucho. Solo deseaba
una vida intensa e independiente y me aplicaba a ello, más
por la fuerza de mi romanticismo que por fe en la acción o
el resultado. Caminé hacia delante con decisión suicida. No
admitía consejos o no me interesaban. Mi egoísmo era entonces
una gran coraza defensiva y hasta sacaba fuerza de
mis vicios y debilidades. También era soñador y decidido, leal
y generoso, sobre todo para conmigo mismo: estaba dispuesto
a perdonármelo todo, aunque esto no lo supe hasta mucho
tiempo después.
Fui muy militante en mis aptitudes. Orgulloso e ingenuo, quería
la verdad en todo y todo a la vista, como si tal cosa fuese
posible¿. Durante años compensé mis debilidades con mi
atrevimiento y mi cólera. Creí tener patente de corso. La vida
como botín. Retraté mis posesiones, mis vicios y las esquinas
de calles por las que me moví porque quería elevarlas a la altura
de una épica. La vanidad del exceso, su gloria y sus heridas,
condujeron mi mirada. Buscaba un lirismo visual sujeto a mi
febril acontecer diario. Un territorio virgen donde imponerme
y manifestar mi identidad, sin más sentido que alimentar mi
deseo libertario de ser y de ver.
Hipocondríaco, un tanto autista, cobarde¿ Es a mí a quien
miro. Ya no hay tregua ni fin en la acumulación de pavores.
Los latidos de mis nervios y ojos se tensan, varias vidas han
pasado por ellos y vibran en este espejo. Me he visto arder en
mis pasiones y delirios, quemarme en esa pira sin pudor y renacer
de mis cenizas. Mi identidad es un devenir de identidades
y así seguirá. El destino es ya solo afán de supervivencia.
«Un día más», como decía un amigo.
Desgajado de mi memoria, el ayer se presenta a mis ojos con
lirismo de cartel de circo y estrellas. El hoy, en cambio, lo afronto
con otro rostro y el alma de un payaso. Un fabulador de
mí mismo por propia supervivencia. Necesito mirarme y verme
para sentirme vivo....

...Fotografiar es dar una intención manifiesta a lo visto. Un aliento
para crear un diálogo con lo que se mira. ¿Quién soy? ¿Qué
puedo ver? Un monólogo atropellado en el que me abismo
mientras miro por cámara. La imagen es tan falsa frente a la
sinceridad de los sentidos que casi no encuentro palabras. Su
amor se cosió a mis penas. La orilla izquierda. Una vez más¿.
Con esas pulsiones busco verbalizar, con el corazón en un
puño, mi mirada....

...Mirar es vivir. La fotografía me ha unido a los
espacios con los que compartí mi sombra. En esas arañadas
paredes que ayer cobijaban mis anhelos o en esas ventanas
ateridas de desengaños, puedo sentir el rencor del tiempo.
Una reverberación de decadencia. Un cansancio sin límites.
Qué irracional y espeso es el miedo. Algo veo en estas imágenes
que las siento una paradoja del retrato de Dorian Gray. Si
pudiese dar marcha atrás y escapar a este momento de verme,
les juro que no estaría aquí, pero ese no sería yo. La soberbia
aún me mantiene en pie y el presente sigue siendo un botín,
así que un día más continuaré sostenido en la doliente espina
dorsal de mis temores. Lo prodigioso es que no me paraliza
ni me detiene, sino que me convulsiona e impulsa a seguir
mirándome aun a costa de saber que siempre será el miedo el
alma de esta máscara bajo la que me muestro.














